Vení al juicio por los crímenes de la FUERZA DE TAREAS 5, las audiencias se realizarán en el ex edificio de la AMIA (4 entre 51 y 53) todos los lunes y miércoles. Son públicas y se pueden presenciar acreditándose con DNI.

sábado, 15 de agosto de 2015

QUINTA AUDIENCIA

UN ARSENAL DE TESTIMONIOS

Por HIJOS La Plata
Durante la quinta audiencia se escucharon los testimonios de 5 sobrevivientes de los CCD de la Armada, Prefectura e Infantería de la policía bonaerense. Los compañeros siguieron señalando la estructura represiva de los marinos y su coordinación con Policía y Servicio Penitenciario. Además se reveló el escándalo de un arsenal que conservaba en su casa el marino Juan Carlos Herzberg, imputado por su actuación como Comandante de la Fuerza de Tareas y en apacible domiciliaria.



El primer sobreviviente en dar su testimonio fue Carlos Perdomo, ex trabajador de Propulsora Siderúrgica (Grupo Techint) que fue secuestrado el 26 de marzo de 1976 y pasado por el circuito Prefectura Naval, Escuela Naval y Unidad 9. Contó que primero fueron a buscarlo a su casa, pero no estaba. Como no suponía que le fuera a suceder nada, se presentó con documento en la sede de Prefectura, donde los detuvieron, lo subieron a una camioneta y tras un paso por la Destilería YPF fue llevado a la sede de aquella fuerza. Allí, pasó un día encapuchado y amenazado con golpes. Luego fue trasladado en lancha, en el típico viaje comentado por otros sobrevivientes, hasta la Escuela Naval, donde le robaron el reloj y el anillo diciendo: “total no lo vas a necesitar más”. Alojado en uno de los calabozos de lo que se conocía como una cuadra, contó que pudo escuchar la presencia de una chica de Ensenada que conocía. Lo hicieron firmar papeles, lo interrogaron y lo torturaron. En un momento le levantaron la capucha para mostrarle a un grupo de gente encapuchada, como si estuviera en una rueda de reconocimiento. Posteriormente, el 28 de marzo fue trasladado en lancha y en micro hasta la Unidad 9, donde pudo ver a Alberto Dizzini y Hector Galeazi, y desde donde fue liberado en abril del '76.
Respecto a los efectos que le causó el calvario que vivió, Perdomo relató que tras salir libre estuvo un año encerrado sin poder salir a la calle, le diagnosticaron vitiligo y se tubo que ir a Brasil para poder rearmar su vida: “estaba perdido, no sabía que hacer”, contó. Perdió su trabajo en Propulsora con un telegrama de despido por “abandono de tareas”.

A su turno, Jorge Arri, ex empleado y jefe de turno en Propulsora, contó que lo secuestró la infantería de Marina de su casa de Berisso el mismo 24 de marzo del '76. Lo cargaron en un Jeep encapuchado y luego en un colectivo en que lo llevaron hasta la sede de Prefectura. Allí, en un salón lleno de gente atada, tabicada y tirada en el piso a la que los prefectos pisaban como una alfombra humana, presenció la violación de dos jóvenes secuestradas, según dijo, “arriba de un escritorio y se turnaban para someterlas”.
La misma noche fue trasladado en ferry hasta la Escuela Naval, donde fue golpeado e interrogado por sus compañeros de la fábrica con una pistola en la boca a la que llegaron a gatillar. Luego lo volvieron a subir a la lancha y lo llevaron a la dependencia policial de Infantería de calle 1 y 60. Ahí estuvo esposado a una cama y vendado, mientras escuchaba que sacaban a otras personas a torturar o a simular fusilamientos. Para completar su calvario, fue llevado a la Unidad 9
Sobre su actividad sindical en Propulsora, Arri contó que con otros compañeros armaron una lista opositora a la oficial de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), conducida en la zona por Rubén Dieguez. Arri recordó que un día en una asamblea burló la custodia del sindicato, subió al palco, lo empujó a Dieguez y le sacó el micrófono. “Por eso me deben haber marcado”, comentó.
Arri fue liberado el 22 de mayo del '76, pero como otros obreros ex detenidos de la fábrica, fue echado sin telegrama y chantajeado para que firme su renuncia a cambio de una suma mínima. Contó además que lo despidieron de otros dos trabajos por su condición de ex preso político, y se tuvo que dedicar a hacer fletes.
Pese a haber estado detenido ilegalmente en la Escuela Naval, lugar que Arri dijo que conocía desde joven porque había estado de aprendiz en el Liceo de Astillero, por su caso sólo estaba acusado el prefecto Tomás Méndez, que falleció impune antes de comenzar el juicio. Además, ninguno de los prefectos que llegaron al juicio está acusado por los delitos sexuales, que Arri ya había relatado en la instrucción de la causa.

Le siguió el turno a Luis Córdoba, empleado de Astillero que tras ser secuestrado el día del golpe de Estado en su casa de Berisso, pasó 4 días en la Escuela Naval y 18 meses en la Unidad 9. Córdoba relató que había ingresado como aprendiz al ARS a los 14 años y que como tal había conocido las tareas de los marinos en la zona y hasta había realizado prácticas en la Fragata Libertad: “Escuchaba el himno cantado por los cadetes de la Escuela Naval” dijo, y agregó “nunca pensé que me iban a hacer lo que me hicieron”.
El testigo reseñó que trabajaba en la sección de alistamiento eléctrico en Astillero y había sido electo delegado de la línea combativa en el '75. Le habían ganado a la burocracia de ATE Ensenada, conducida por Juan Carlos Marín, las elecciones de paritarios para discutir los Convenios Colectivos de Trabajo. Por entonces ya venía sufriendo amenazas de parte de la conducción del gremio: “Me ponían papeles en la caja de herramientas que decían 'borrate porque sos boleta'”. Describió a las patotas armadas del gremio como “verdaderas bandas” y dijo que la semana del golpe había pedido licencia para dedicarse a alambrar el predio de su casa. Mientras estaba en esa tarea cayó el operativo a su casa con su madre retenida en uno de los vehículos. Allí le informaron que quedaba detenido por “averiguación de antecedentes”, tras lo cual lo tabicaron y lo tiraron en la caja de un camión que se paseó por los barrios de Berisso levantando a otras personas. Recordó que en un momento pasaron por el BIM 3, donde ordenaron seguir hasta Ensenada. Reconoció entonces el trayecto hacia el embarcadero de Astillero, donde junto a otras 60 personas fue desnudado y golpeado para una requisa. Luego los cargaron en el ferry que los llevó a la Escuela Naval, donde pudo saber de Carlos Pergiácomo, Julio Machado
“Cada noche sacaban gente, algunos volvían y otros no”. Su propio interrogatorio recuerda que los marinos se llamaban entre sí como “Rojo 1, Rojo 2 y Rojo 3”. “¿Vos sos el hermano?” le dijeron. Él, que profesa la fe cristiana evangélica, no se los negó. Le respondieron: “Empezá a rezar porque no te salva nadie”. De todas formas sobrevivió. Fue trasladado a la Unidad 9, donde contó la “recibida” que hacían las patotas de Abel Dupuy, el jefe del penal, con una golpiza descomunal a los recién ingresados. Allí se encontró con otros compañeros del ARS, con los intendentes Marcovich de Ensenada y Ghío de Berisso, y hasta con varios integrantes de la Concertación Nacional Universitaria (CNU) como el Indio Castillo, que estaban infiltrados entre los internos para hacer inteligencia y amedrentarlos. Córdoba recordó que ya antes del golpe la CNU venía haciendo operativos sobre compañeros del Astillero como Pedro Gutz, Lucero y Andreucci.
Despedido de la fábrica, Córdoba se las arregló vendiendo válvulas para equipos de oxicorte y recién fue reincorporado en 2003, aunque aún no se pudo jubilar.
Por el caso de Córdoba no está acusado ningún imputado en el juicio, pese a que el jefe de Operaciones del BIM3, Eduardo Fernando Guitián, ya estaba en funciones cuando el testigo fue secuestrado. Córdoba definió en su propias palabras lo que esto significa: “No se puede tapar el sol con las manos, es tan evidente el genocidio que hicieron, destrozaron familias, apropiaron casas, la gente se exilió o se escondió. No existe otra salida a esto que conocer toda la verdad”.

Continuó la rueda de testigos con el relato de María del Carmen Miranda, también trabajadora del Astillero, que fue secuestrada de la planta de la empresa el 31 de marzo de 1976 y pasó por Prefectura, la Unidad 8 de Olmos y la Unidad 2 de Devoto. Oriunda de Tres Arroyos, Miranda llevaba 3 años trabajando en la fábrica cuando se dio el golpe de Estado. Como la planta estaba cerrada, se fue con sus hijas a su lugar natal. Volvió el mismo día de su secuestro para presentarse a trabajar. En la misma puerta de la fábrica había una requisa donde dividían hombres de mujeres y fue separada del grupo y llevada hasta su taquilla, que estaba marcada con una cruz de tiza. Tras encontrar unos volantes de la JP, la detienen, y tabicada la llevan en un camión hasta Prefectura. En el trayecto, de no más de 20 minutos, reconoció el paso de una barrera, y al llegar a un empedrado de adoquín la bajan, la interrogan por Alberto Leis, trabajador del Astillero, y le muestran fotos de un seguimiento a su compañero. Pese a haber estado sólo un día en Prefectura, reconoció el paso por ese lugar de varios testigos del juicio, incluido su marido Alberto Dizzini, y se pasó más de 10 meses como presa política, primero en Olmos, donde presenció un simulacro de fusilamiento en una requisa, y luego en Devoto, donde se encontró con presas políticas de todo el país. Nunca regresó al Astillero y se dedicó a trabajar en una escribanía. Cuando pudo regresar a Ensenada vió la casa de Alberto Leis, que estaba contigua a la suya, ametrallada y saqueada. Leis se exilió en Suecia.

La audiencia se completó con el testimonio de Luis Bloga, trabajador del sector de velería del Astillero secuestrado el 28 de mayo de 1976 y con un largo trayecto de preso político entre 1 y 60, una casona de Berisso, la Unidad 9 y la cárcel de Caseros. Bloga identificó que en el operativo de secuestro, en la casa de sus padres en Ensenada, había policías y marinos.
En su primera noche en 1 y 60 fue torturado, luego llevado a una casona y devuelto a la sede de Infantería, donde pudo saber de Rubén Sachaposnik, Alejandro Castagnesse y otros detenidos.
En agosto del '76 fue llevado a la unidad 9, y en el '79 a Caseros, de donde lo liberaron en noviembre del '80.
Bloga introdujo la novedad de un lugar hasta ahora no mencionado en el circuito represivo de Berisso y Ensenada, una casona ubicada al fondo de la Avenid Río de Janeiro. El testigo dijo que cuando lo llevaban creyó que iba a Ensenada, pero como sintió el ruido y olor típico de los gases que emana la planta de YPF en el camino a Berisso, supo que iba en esa dirección. En esa casona fue torturado con picana sobre una cama elástica e interrogado por compañeros del ARS. Dijo que en 1987 volvió a la zona por razones de trabajo, y donde se había instalado un taller mecánico reconoció el lugar en que había sido sometido.
Pese a que el testigo reconoció a policías bonaerenses y marinos como sus secuestradores, e identificó a varios represores de la Unidad 9 como Dupuy, Catalino Morel, el “Nazi” Revainera, Peratta y al militar Sanchez Toranzo, su caso no formó parte del juicio por ese CCD en 2010. Y pese a que su apellido inició la carátula de las investigaciones sobre la represión de la Marina en nuestra zona en el Juicio Por la Verdad, el horror por él sufrido tampoco forma parte como caso del proceso a la Fuerza de Tareas 5. Le queda a la justicia olvidar la casona de Berisso y relegarlo de la causa por 1 y 60, que está en plena instrucción.

Por los casos de Perdomo y Miranda está acusado en el juicio el jefe de Prefectura La Plata, Carlos Schaller, ausente en la audiencia por estar enfermo. Otro que estuvo ausente fue el marino Juan Carlos Herzberg, de quien recién se informó que desde noviembre pasado el Tribunal 1 sabe que tenía un arsenal en su casa, donde cumplía domiciliaria pese a tener 2 condenas previas y estar en un tercer juicio hace 2 meses.
(Ver informe ampliado en http://juicioft5.blogspot.com.ar/2015/08/un-represor-de-la-marina-violo-la.html)

Por último, la Fiscalía pidió una Junta Médica para el Comandante de Operaciones Navales Antonio Vañek para poder constatar el previo informe del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema, donde se informaba que padece Alzheimer y Parkinson leves, y por lo cual su abogado había pedido que sea apartado del juicio.

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